Continuista, poco arriesgado, incluso previsible. Así resulta el nuevo disco de Fito & Fitipaldis. Uno no sabe si está escuchando una nueva grabación o la continuidad del anterior elepé. Misma sonoridad, mismas intenciones. Son hermanos gemelos. No soportarían el juego de "las siete diferencias". Incluso el señor Cabrales repite gorra en la imagen de la portada.
El disco se despereza pronto con el típico single de Fito, de título homónimo al disco, "Antes de que cuente diez", cuyo momento álgido es una demostración de calidad y buen gusto a la guitarra que lamentablemente se desvanece rápido en un fade out. La fórmula del éxito se repite en "Que necesario es el rock&roll", con un final prolongado como si de un directo se tratase, y en la versión de "Todo a Cien", original de La Cabra Mecánica, que Fito lleva a su terreno.
"Tarde o temprano" le acerca al rock sureño y al sonido más enérgico de los primeros M-Clan o los más actuales Sol Lagarto (Aunque la sucesión de acordes iniciales recuerdan al "Vallecas 1996" de Topo). Se adentra en el terreno baladístico con "Catorce vidas son dos gatos" (al estilo de "Soldadito Marinero" pero con un estribillo menos efectivo y una duración excesiva), "Conozco un lugar" y el blues más crudo de "Que me arrastre el viento". Incluso se atreve con una instrumental, "La cuisine de Bernard", gustosa pero relegada a cerrar el disco.
"Los huesos de los besos" evidencia que el medio tiempo es el terreno mejor abonado para plantar la música del líder de los Fitipaldis. Es perfecto para aunar sus posibilidades e intenciones y le desencorseta de cualquier sospecha de premeditación al alejarlo del rock que complacería a viejos fans, del pop dirigido al gran público y de la típica balada. Y en donde la simplicidad, la canción desnuda resulta más lucida, a la vez que los arreglos brillan más.
La apolínea y poética verborrea de Fito peca de un tratamiento en muchas ocasiones excesivamente pubescente. Encontraría mayor coherencia en una lírica más canalla, mordaz, ácida o metafórica, y en unas temáticas prosaícas y maduras más acordes a un músico veterano.
La banda suena compacta y compenetrada, con una remozada pero sólida base rítmica, unas guitarras amables, inteligentes y bien tocadas, y unos organos y metales perfectamente alojados en las canciones. Todo esto no resulta nada extraño estando Carlos Raya a los mandos en el estudio.
Pese a sus contras y gracias a sus pros "Antes de que cuente diez" resultará un soplo de aire fresco y una lección de buen hacer en las radiofórmulas y listas de ventas. Aunque a un músico de su trayectoria y posibilidades habría que exigirle cierta evolución, experimentación o novedad. Suena a re-make. Agrada y entretiene pero no entusiasma. Una pena.
1 comentarios:
En efecto compañero, este tíop es lo mismo una y otra vez. No ha inventado nada: la misma fórmula. Los mismo ritmos. Todo igual. Es un producto que se repite una y otra vez. Bostezo al oírlo. Me recuerda a Rosana, por ejemplo, porque siempre es lo mismo. Y no es que me guste, pero es esa sensación de dar con una fórmula y hacer siempre lo mismo. Además, las letras tipo "solo con mi compañía, acompañado por mi soledad" o cosas del estilo, a parte de muy sabinescas, no aportan nada nuevo. Fito, un tío venido a menos. A mucho menos
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