"Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno" cantaban Asfalto allá por el 78. Obviamente aquello era un metafórico grito a la desesperada en busca de algo o alguien que pudiera cambiar el desastroso devenir de la humanidad, algo que ya era palpable desde la urbe de aquel entonces. La grandeza de aquel estribillo es que podía ser extrapolado a cualquier faceta de la vida.
Y por fortuna para todos a veces ocurre, en ocasiones el triunfo, el éxito es logrado por quien aúna talento y trabajo para merecérselo, al menos, como el que más. Y todo ello sin el apoyo de las grandes compañías, sin grandes campañas, sin hacer de una obra de arte un mísero producto indistinguible de un florero.
En todo ello seguramente incida en cierta medida el factor suerte, un poquito de "estar en el momento preciso en el lugar adecuado", pero, aquí no hay nada de casualidad. Si hubiera un poco de inteligencia en la industria musical del país del toro y la pandereta, Vetusta Morla deberían ser los próximos abanderados del pop español.
"Un día en el mundo" es un disco compuesto por maravillosas canciones, doce en concreto, todas ellas cautivadoras desde la primera audición, pero repletas de contenido, sustanciosas, llenas de matices, de detalles, que posibilitan saborearlas y redescubrirlas en cada nueva escucha.
En ellas encontramos pop, rock, canción de autor, incluso cierto sinfonismo moderado, todo ello bajo una atmósfera independiente y llevado a un terreno profundamente propio que encuentra su mayor rasgo distintivo en la atrayente y peculiar voz de Pucho. Los arreglos tan ricos y diversos no desvían la atención de lo realmente importante en este disco: las canciones. Es tarea casi imposible tratar de destacar una pieza sobre el resto con criterios minimamente objetivos y sin sentir que corres el riesgo de que te crezca la nariz.
Pese a lo heterogéneo del contenido la calidad de las canciones y el sonido personal de la banda convierten el total en una obra coherente y perfectamente hilvanada. Ciertos detalles hacen pensar en Radiohead, Coldplay e incluso La Vacazul como posibles referentes. Algo que sólo evidencia que en la música está todo, o casi, ya inventado.
Su música transmite profesionalidad, trabajo, horas de ensayo y composición, de rodaje, de aprendizaje, de superación, de inspiración, de perfeccionismo, de un colectivo que cree en lo que hace y trata de hacerlo lo mejor posible, en definitiva, de arte en su máxima expresión. De quien cree que la musas son más generosas ante el esfuerzo. Letras inteligentes, cargadas de contenido, con cierta dosis de intelectualidad y que dan la espalda a temáticas burdas, anodinas y superficiales.
Algunas críticas les tildan de pretenciosos o de un carácter excesivamente cadente. Será por la cierta y evidente realidad de que la perfección no existe. Aún así, si acostumbrara a poner notas numéricas en mis valoraciones, sin dudarlo, les daría un diez. Se lo merecen.