Vetusta Morla - Un día en el mundo (2008)


"Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno" cantaban Asfalto allá por el 78. Obviamente aquello era un metafórico grito a la desesperada en busca de algo o alguien que pudiera cambiar el desastroso devenir de la humanidad, algo que ya era palpable desde la urbe de aquel entonces. La grandeza de aquel estribillo es que podía ser extrapolado a cualquier faceta de la vida.

Y por fortuna para todos a veces ocurre, en ocasiones el triunfo, el éxito es logrado por quien aúna talento y trabajo para merecérselo, al menos, como el que más. Y todo ello sin el apoyo de las grandes compañías, sin grandes campañas, sin hacer de una obra de arte un mísero producto indistinguible de un florero.

En todo ello seguramente incida en cierta medida el factor suerte, un poquito de "estar en el momento preciso en el lugar adecuado", pero, aquí no hay nada de casualidad. Si hubiera un poco de inteligencia en la industria musical del país del toro y la pandereta, Vetusta Morla deberían ser los próximos abanderados del pop español.

"Un día en el mundo" es un disco compuesto por maravillosas canciones, doce en concreto, todas ellas cautivadoras desde la primera audición, pero repletas de contenido, sustanciosas, llenas de matices, de detalles, que posibilitan saborearlas y redescubrirlas en cada nueva escucha.

En ellas encontramos pop, rock, canción de autor, incluso cierto sinfonismo moderado, todo ello bajo una atmósfera independiente y llevado a un terreno profundamente propio que encuentra su mayor rasgo distintivo en la atrayente y peculiar voz de Pucho. Los arreglos tan ricos y diversos no desvían la atención de lo realmente importante en este disco: las canciones. Es tarea casi imposible tratar de destacar una pieza sobre el resto con criterios minimamente objetivos y sin sentir que corres el riesgo de que te crezca la nariz.

Pese a lo heterogéneo del contenido la calidad de las canciones y el sonido personal de la banda convierten el total en una obra coherente y perfectamente hilvanada. Ciertos detalles hacen pensar en Radiohead, Coldplay e incluso La Vacazul como posibles referentes. Algo que sólo evidencia que en la música está todo, o casi, ya inventado.

Su música transmite profesionalidad, trabajo, horas de ensayo y composición, de rodaje, de aprendizaje, de superación, de inspiración, de perfeccionismo, de un colectivo que cree en lo que hace y trata de hacerlo lo mejor posible, en definitiva, de arte en su máxima expresión. De quien cree que la musas son más generosas ante el esfuerzo. Letras inteligentes, cargadas de contenido, con cierta dosis de intelectualidad y que dan la espalda a temáticas burdas, anodinas y superficiales.

Algunas críticas les tildan de pretenciosos o de un carácter excesivamente cadente. Será por la cierta y evidente realidad de que la perfección no existe. Aún así, si acostumbrara a poner notas numéricas en mis valoraciones, sin dudarlo, les daría un diez. Se lo merecen.

Fito & Fitipaldis - Antes de que cuente diez (2009)


Continuista, poco arriesgado, incluso previsible. Así resulta el nuevo disco de Fito & Fitipaldis. Uno no sabe si está escuchando una nueva grabación o la continuidad del anterior elepé. Misma sonoridad, mismas intenciones. Son hermanos gemelos. No soportarían el juego de "las siete diferencias". Incluso el señor Cabrales repite gorra en la imagen de la portada.

El disco se despereza pronto con el típico single de Fito, de título homónimo al disco, "Antes de que cuente diez", cuyo momento álgido es una demostración de calidad y buen gusto a la guitarra que lamentablemente se desvanece rápido en un fade out. La fórmula del éxito se repite en "Que necesario es el rock&roll", con un final prolongado como si de un directo se tratase, y en la versión de "Todo a Cien", original de La Cabra Mecánica, que Fito lleva a su terreno.

"Tarde o temprano" le acerca al rock sureño y al sonido más enérgico de los primeros M-Clan o los más actuales Sol Lagarto (Aunque la sucesión de acordes iniciales recuerdan al "Vallecas 1996" de Topo). Se adentra en el terreno baladístico con "Catorce vidas son dos gatos" (al estilo de "Soldadito Marinero" pero con un estribillo menos efectivo y una duración excesiva), "Conozco un lugar" y el blues más crudo de "Que me arrastre el viento". Incluso se atreve con una instrumental, "La cuisine de Bernard", gustosa pero relegada a cerrar el disco.

"Los huesos de los besos" evidencia que el medio tiempo es el terreno mejor abonado para plantar la música del líder de los Fitipaldis. Es perfecto para aunar sus posibilidades e intenciones y le desencorseta de cualquier sospecha de premeditación al alejarlo del rock que complacería a viejos fans, del pop dirigido al gran público y de la típica balada. Y en donde la simplicidad, la canción desnuda resulta más lucida, a la vez que los arreglos brillan más.

La apolínea y poética verborrea de Fito peca de un tratamiento en muchas ocasiones excesivamente pubescente. Encontraría mayor coherencia en una lírica más canalla, mordaz, ácida o metafórica, y en unas temáticas prosaícas y maduras más acordes a un músico veterano.

La banda suena compacta y compenetrada, con una remozada pero sólida base rítmica, unas guitarras amables, inteligentes y bien tocadas, y unos organos y metales perfectamente alojados en las canciones. Todo esto no resulta nada extraño estando Carlos Raya a los mandos en el estudio.

Pese a sus contras y gracias a sus pros "Antes de que cuente diez" resultará un soplo de aire fresco y una lección de buen hacer en las radiofórmulas y listas de ventas. Aunque a un músico de su trayectoria y posibilidades habría que exigirle cierta evolución, experimentación o novedad. Suena a re-make. Agrada y entretiene pero no entusiasma. Una pena.

Sidonie - El Incendio (2009)


Un disco basado en el amor, así lo han definido sus propios creadores y así queda patente con poco indagar en su contenido.

Curiosamente una década después de que otra banda barcelonesa, Elefantes, dedicase la totalidad del cancionero de una obra al universal y recurrente leitmotiv del amor y el desamor. Aquel disco se tituló "Azul" y éste que nos ocupa "El incendio". Son evidentes las distinciones sonoras entre estos dos grupos, pero también comparten importantes puntos tangenciales. Además de su origen y la coincidencia de dedicar un disco entero a una misma temática, ambas bandas cabalgan entre una ética y estética indie, pero unas posibilidades e intenciones casi mainstream. Seguramente Sidonie hayan sido herederos de Elefantes como banda pop-rock nacional con calidad y personalidad pero capaces de llegar a un espectro amplio de público de todo tipo.

El contenido del disco es un catálogo que narra y expresa las sensaciones que se producen en las diferentes situaciones provocadas por el cariño, el deseo y, en definitiva, el amor. Momentos de cordura y sosegada sobriedad frente a otros de hipérbolica ebriedad, de cadente pesimismo frente a ilusión poética. Ninguna caída al pozo de la sensiblería. Acertadas melodías y estribillos mortalmente efectivos como un disparo al corazón. Magnífico equilibrio entre ritmos movidos y piezas más relajadas, entre la sencillez del pop y los magníficos arreglos que adornan y engrandecen los temas. Pop sincero y de calidad. En la línea marcada por "Costa Azul" pero con una pizca más de pulsión sonora y lucidez creativa. Una banda que derrocha credibilidad en sus trabajos discográficos y sobre los escenarios.

El disco genera sensaciones enfrentadas. Roza la amargura pero deja un sabrosisímo regusto dulzón. Emociona hasta tocar la fibra, pero invita a moverse y bailar alegremente. Es como esos postres elaborados, que te piden repetir sí o sí. Bon apetit.

Asfalto - Grabación CD+DVD en directo


VIERNES 3 JULIO - AUDITORIO PILAR BARDEM

Todo importante acontecimiento va precedido de una gran dosis de expectación, de incertidumbre, de previsiones cargadas de optimismo, o de todo lo contrario. Para la grabación del primer directo oficial de los míticos Asfalto surgían multitud de interrogantes. Quienes no habían visto en directo a la actual formación albergaban dudas sobre el estado de forma de Castejón y las capacidades de los nuevos integrantes. Los adeptos más fidelignos elucubraban sobre el posible planteamiento de la banda ante un evento tan especial. ¿Quienes serían los invitados? ¿Que sorpresas albergaría el repertorio seleccionado?. Incluso la propia banda y los implicados en la grabación admitían cierta inquietud, pese al perfeccionismo y cuidado con el que Asfalto siempre ha tratado sus proyectos.

Poco a poco las dudas se fueron disipando, como la de si serían capaces de llenar un teatro con capacidad para 1000 personas. Un teatro moderno que, pese a los temores de algunos, no fue impedimento para que quien quisiera se levantase a bailar y, el que no, se quedase en su asiento disfrutando del recital sin perder visibilidad alguna. Teatro lleno y primeras dudas resueltas.

A continuación, uno tras otro, se fueron sucediendo los emotivos momentos que darían forma a una de las noches más especiales del rock español. Desde el comienzo con "Utopía Suite", con la banda sonando siempre impecable, todos los instrumentos incorporados para la ocasión y que engrandecieron las canciones sin hacerles perder un ápice de su identidad (violín, flauta, trompeta, trombón, saxo...), un repertorio perfectamente seleccionado, los coros de las hermanas Estevez en "Nunca está de más" y "Nada, nadie, nunca", el poderío vocal exhibido por Raúl Santana (Magistral en la interpretación de "Prisionera enmarcada"), el impresionante nivel al que rayaron Viti, Pollo y Carlos, la absoluta comunión entre la banda y un público plenamente entregado (con momentos álgidos en "Más que una intención" y "Días de escuela"), la mágica intervención de Jorge G. Banegas para marcarse un medley de repertorio clásico de Asfasto al piano e interpretar junto a la banda "El viejo", la colaboración de cantidad de músicos en "Lo que el viento no se llevó", y, sobre todo, la exquisita sensibilidad con la que manejó las riendas el señor Julio Castejón.

Al final todo eran rostros de satisfacción, el grupo había saldado su deuda histórica de sobresaliente manera, y el público sonreía consciente de haber sido partícipe de un acontecimiento único y especial. Como rezaban las camisetas realizadas para la ocasión: "Yo estuve alli".

Al fin... dudas disipadas. Al fin... vivos!!!

Zodiacs - 3,2,1 (2009)


Descaro juvenil, invitación al hedonismo, rock and roll placentero, sencillo, optimista, jubiloso, heredero del legado de Tequila, y con ciertos tics a Nacha Pop. Orgullosamente influidos por Costello y Beach Boys. Pura actitud. Una patada en los mísmisimos para productos de dudosa calaña como Pereza o El Canto del Loco, a los que no queda más remedio que sonrojarse y rezar para que su legión de fans adolescentes no descubran la verdad... la autenticidad de Zodiacs.

Estribillos pegadizos como un chicle en el pelo, melodías revitalizantes como la ingesta de un camión de antidepresivos. Anfetamina pura. Red-Bull inyectado directamente en vena. Energía electrizante. Sonido solo definible como festivo y alborozado.

Canciones fugaces pero luminosas como un destello que obligan a echar un cierre temporal a las preocupaciones y ponerse a bailar y saltar con una sonrisa de oreja a oreja. Esto es rock and roll y hay que disfrutarlo.